¿Qué leer de Borges?

Como profesor, siempre he seguido los consejos de Borges, donde nunca pretendí enseñar literatura, (porque la desconozco), pero si puedo transmitir o enseñar mi pasión por las letras. Esta mirada diluye las fronteras de la complejidad que muchos creen sobre la obra de Borges que además de ser un maravilloso poeta, era un profundo filósofo. Algunos de sus textos pueden resultar a primera vista, laberínticos y complejos, pero esa complejidad se va diluyendo a lo largo del trato con el autor y se puede sortear si acertamos en la manera de abordar su literatura.

 Un libro no debe requerir esfuerzo porque la felicidad no debe requerir esfuerzo. J.L. Borges. Borges entendía que la relación con toda la literatura debe ser una relación hedonista, dedicada enteramente al placer de leer. Si un libro resulta pesado significa que no es el momento de incursionar en ese libro.  Abandonar un libro, sin dejar cicatrices, puede implicar una invitación para retomarlo en un futuro, por lo que el maestro siempre sugería no insistir cuando una lectura no resultaba feliz.    

¿Qué puedo leer para iniciarme en Borges?

Si bien Borges no frecuentaba hablar de su obra, en una entrevistas dijo: “Ficciones y El Aleph son mis mejores libros. El sur, mi mejor cuento. El Golem, mi mejor poema”.

Para abordar la lectura de sus narrativas pueden ser muchos los cuentos que puedan servirnos de llave. Podríamos comenzar con hojear cuatro de sus libros mas importantes; La Memoria De Shakespeare, Ficciones, El Aleph y el Libro de Arena. A medida que vayas incursionando en sus páginas, podrás descubrir que los cuentos del maestro trascienden la literatura en sí misma y transitan terrenos mas profundos y rigurosos como la filosofía, la teología, la antropología, entre otras. Cada uno de sus relatos desnudan las inquietudes mas sensibles que anidaban en la mente y el corazón de Borges al momento de su creación. Es por esto que se puede entrever si abordamos sus obras completas, un devenir constante de las mismas inquietudes, un fluir en la madurez de su pluma. En su poema Borges y Yo se confiesa de alguna manera: Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, (…. ) pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. 

Creo que es posible encontrar un hilo conductor en su literatura, donde nos ofrece inteligentes planteos sobre la eternidad, la inmortalidad, la teología, la trascendencia de la muerte, el tiempo y el espacio.

Considero una empresa imposible, la de determinar un orden “correcto” para para abordar sus cuentos, pero asumo el riesgo de recomendar lo que para mi puede ser un camino de introducción al universo borgiano:

El Aleph (El Aleph)
El Otro (Libro de Arena)
Emma Zunz (El Aleph)
La Rosa De Paracelso (La Memoria De Shakespeare)
Tema del traidor y del héroe (Ficciones)
El milagro secreto (Ficciones)
Deutsches Requiem (El Aleph)
Funes el memorioso (Ficciones)
La forma de la espada (Ficciones)

Todos sus cuentos son maravilloso. Con este pequeño catalogo, solo pretendo despertar el interés por seguir explorando su literatura. 

Debajo transcribo un texto que puede servirnos de guía. Lo he recogido de sus “Cartas Francesas” – (Compilación de 1996) donde el mismo Borges nos regala su mirada sobre sus propios cuentos:

“El laberinto es el símbolo viviente de la perplejidad y por eso lo he elegido, porque de las muchas emociones que el hombre siente, la más frecuente en mí es la perplejidad, la maravilla, el asombro, no siempre el maravilloso asombro de Chesterton. Dice Chesterton que “si el sol sale cada mañana es porque Dios es como un niño: el sol sale, Dios se encanta, palmotea y dice: ¡otra vez!” El sol sale cada día por última vez, es algo que seguirá saliendo así infinitamente, y seguirá saliendo infinitamente porque –dice Chesterton– no somos tan jóvenes como nuestro Padre. Nosotros nos cansamos de la puesta de sol, de la salida del sol, de las cuatro estaciones y de las épocas de la vida del hombre, pero Él no, Él es joven y está eternamente asombrado y quiere que todo se repita.
Y aquí hay una anécdota que refiere Mark Twain: los chicos persiguen a la madre y le piden que les cuente el cuento de Los Tres Osos. La madre dice que está muy ocupada y que no puede contarles el cuento. Los chicos vuelven a la carga: “Mamá, cuéntanos el cuento de Los Tres Osos.” La madre se niega, la escena se repite un número indefinido de veces, y al final uno de los chicos le dice: “Mamá, vamos a contarte el cuento de Los Tres Osos…”. Es decir, hay un placer, así, en la expectativa, podrá ser el placer de la rima también ¿no?, el placer de la simetría, el placer de que en este caos haya formas regulares.
He hablado de la génesis de ese cuento, y luego hay otra idea, otra superstición que me ha acompañado también a lo largo de los libros que he escrito: la idea de que el coraje de un hombre, la destreza de un hombre, se pasa de algún modo al arma que usa, es decir, que el arma queda llena del coraje de ese hombre. Esta mañana tuve el placer, tuve la emoción que llegó hasta el llanto, de oír, en ese generoso homenaje de la Televisión Española, que se recitó un verso mío en el que me acordé de Muraña, que fue guardaespaldas de Paredes, y digo: “Algo de Muraña / ese cuchillo de Palermo…” Tengo un cuento titulado “Juan Muraña”, en que lo identifico a él en el cuchillo. Muraña (yo le conocía de vista) ha muerto en el cuento. Queda su viuda, queda su mujer, van a rematarles la casita, la modesta casita en que viven, y ella dice: “No, Juan va a ayudarme, Juan no va a dejar que el gringo nos haga esto.” El gringo es el dueño de la casa, un italiano que vive en el otro extremo de la ciudad, en Barracas, o sea que el cuento es en Palermo; y luego lo apuñalan al gringo y al final se descubre, ya lo habrán adivinado ustedes, que la vieja, medio loca, lo ha hecho. Ha salido una noche, Muraña una vez más atravesó toda la ciudad para apuñalar a un enemigo, y ella ha repetido ese trayecto y lo ha matado. ¿Cómo lo ha matado? No con la flaqueza, no con la fuerza de sus flacas manos viejas, sino con la fuerza que estaba en el cuchillo, y ella al hablar de Juan quería decir “cuchillo”, porque lo había identificado con el cuchillo, con ese cuchillo que guardaba tantas muertes, y que después de la muerte de la mano que lo usó fue capaz de una muerte más. Esa idea de las armas que pelean solas está en otro cuento, que se titula, creo, “El encuentro”. Ahí la historia es un poco distinta. Se trata de dos cuchilleros, uno del Norte de Buenos Aires, otro del Oeste o del Sur. Esos dos hombres tienen nombres parecidos y los confunden, y eso les molesta. Uno se llama Almara y otro Almeira, o más parecidos quizá, no recuerdo los detalles. Esos dos hombres se han buscado a lo largo de los caminos, de los caminos polvorientos, de las monótonas llanuras que los literatos llaman la pampa, para pelearse. Y han muerto. Uno de muerte natural, al otro le mató un balazo, un balazo disparado por alguien que no era el hombre que él buscaba. Luego, en el cuento hay alguien que colecciona armas, y dos jóvenes, dos jóvenes grandes, dos “niños bien”, dos “niños góticos”, creo que decían aquí antes, de Buenos Aires. Se desafían a duelo y las únicas armas que hay en la casa son esos viejos cuchillos rústicos, cada uno de los cuales debe muertes, y a uno le toca el cuchillo de uno de los gauchos muertos y al otro el otro, y cuando empiezan a pelear no saben cómo hacerlo, ni siquiera saben que el cuchillo debe apuntarse hacia arriba, pero poco a poco ocurre algo que no se dice del todo, que se sugiere al fin, y es que los cuchillos son los que pelean, y el más valiente muere a manos del más cobarde, porque el más cobarde tenía el cuchillo que era del más valiente. Es la misma idea, una variante de la misma idea.

Puedo recordar otro cuento mío, “El Aleph”. Yo había leído en los teólogos que la eternidad no es la suma del ayer, del hoy y del mañana, sino un instante, un instante infinito, en el cual se congregan todos nuestros ayeres como dice Shakespeare en Macbeth, todo el presente y todo el incalculable porvenir o los porvenires. Yo me dije: si alguien ha imaginado prodigiosamente ese instante que abarca y cifra la suma del tiempo, ¿por qué no hacer lo mismo con esa modesta categoría que es el espacio? Y entonces imaginé que en esa casa había un sótano, y en ese sótano un pequeño objeto luminoso, mínimo, circular… tenía que ser circular para ser todo. El anillo es la forma de la eternidad, que abarca todo el espacio, y al abarcar todo el espacio abarca también el pequeño espacio que ocupa, y así en “El Aleph” hay un “Aleph” –porque esa palabra hebrea quiere decir círculo–, y en ese Aleph otro Aleph, y así infinitamente pequeño, esa infinitud de lo pequeño que asustaba tanto a Pascal. Bueno, yo simplemente apliqué esa idea de la eternidad al espacio. Inventé la historia del Aleph, le agregué detalles personales, por ejemplo, una mujer que yo quise mucho, y que no me quiso nunca y que murió. Le di un hermoso nombre, la llamé Beatriz Viterbo. Cambié un poco las circunstancias, y aquí hay un pequeño hecho sobre el que yo querría llamar la atención de ustedes, y es que si uno no cambia ligeramente las cosas uno se siente insatisfecho. Por ejemplo, si algo ocurre en algún barrio y uno lo escribe, es mejor cambiarlo a otro barrio que no sea demasiado distinto, los nombres de los personajes ya se saben, las circunstancias también. Uno está obligado a esas pequeñas invenciones para no ser un mero historiador, un mero registrador de hechos ocurridos, salvo que los grandes historiadores son grandes novelistas. Dijo Stevenson que los problemas, las dificultades de Tácito o de Tito Livio al escribir su historia, fueron del mismo género que las dificultades de un novelista o cuentista. Contar hechos reales ofrece las mismas dificultades que contar hechos imaginarios, a la larga no podemos distinguir entre ellos.
He hablado un poco al azar de mis cuentos. Hay otros cuentos cuyas circunstancias no recuerdo, y les propongo algo, no sé si habrá tiempo o no sé si ustedes tienen ánimo para hacerlo, les propondría a ustedes que dejáramos este tedioso rito de una conferencia, de un orador, y conversáramos, es decir, si alguno de ustedes quiere preguntarme algo, yo me sentiría muy contento en pasar de la conferencia, que es un género artificial, al diálogo, que es un género natural. Estoy esperando alguna pregunta de ustedes y pido que no sean tímidos, porque a tímido nadie me gana. Empiece el Juicio Final, empiece el Catecismo, la Inquisición”.
Cartas Francesas.

Espero que disfrutes de su lectura, tanto como yo de compartirla con vos tanto aquí como en twitter. Por último te invito a nos dejes tu comentario sobre tu lectura de Borges y cual sería para ti una llave de acceso a su literatura.  

Un abrazo,

Esteban.-

PD: Cada una de las citas de la cuenta de twitter (@BorgesJorgeL) es extraída rigurosamente de alguno de estos libros: https://borgesyyo.wordpress.com/obras-completas/ 

Si tienes alguna inquietud no dudes en contactarme  por mail:  Borges@EscueladeCoach.com 

26 comentarios el “¿Qué leer de Borges?

  1. No he leído toda la obra de Borges pero todo lo leído me ha dejado huella.
    Yo empecé con muchos de sus cuentos… horas (re)leyéndolos.

    El primero: “La Casa de Asterión” insertado en mi libro de Literatura de Bachillerato. Visualmente, la última imagen me ha acompañado toda la vida.

    Después: “El libro de Arena” y “La Biblioteca de Babilonia”, por poner sólo tres, Tras éstos he seguido buscando porque Borges no se agota nunca.

  2. Saben ??? En ocasiones siento que mi alma y mi espiritu arden en esta voragine interna……y solo el balsamo que representan las frases de @BorgesJorgeL logran retener la tan deseada huida……………. #Sentido

  3. Apenas he empezado a leer la obra de Borges, solo me he leido el libro el aleph y un par de pequeños poemas, pero he quedado completamente enganchado con la belleza de sus letras!! Estoy decidido a tener en mi pequeña biblioteca toda la obra de Borges (si las librerias de venezuela consiguen dls para traer libros del extranjero), cuentos, poemas, ensayos…!! Debio haber sido todo un espectaculo poder vivir en la epoca de borges y tenerlo de vecino!!🙂

  4. Infinitamente notable Borges. Entrar en su mundo es simplemente echarse a navegar dejarse llevar por el rio de fantasia que su obra te deja.
    Ficciones y el Aleph son dos libros imprescindibles dentro de la literatura universal. Entre sus cuentos, Emma Zunz; Ulrika; El Aleph (por supuesto); El jardin de los senderos que se bifurcan; El sur; Tlön, Uqbar , Orbis Tertius; Funes, el memorioso…
    Mi profesora en la maestría decía: De Borges, todo lo que lean será extraordinario, así que ahí vamos a la segura. Creo que estaba en lo correcto.
    Un abrazo, Renzo

  5. El primer cuento que leí de J.L. Borges fue “Las ruinas circulares”, incluido en el libro de “Ficciones”, la revelación llegó cuando leí la frase: “(…) Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad. (…)”. Después de esto no pude parar y hasta ahora lo sigo leyendo con asombro.
    Saludos

  6. Saludos, Esteban.
    No recuerdo que fue lo primero que leí de JLB, pero se grabo en mi memoria “El Muerto”. Lo disfruté mucho y me percaté su autor conocía de caballos por la manera de nombrarlos y distinguirlos. Pero, al parecer, los caballos hoy en día reemplazados por otros medios de transporte, interesan poco… Felicito tu iniciativa de darnos a conocer mucho más a cerca de este insigne escritor.

  7. Mi encuentro con Borges: una biblioteca pública en la Ciudad de México, en la estantería un título enigmático: Otras Inquisiciones y al abrir el libro al azar (¿el azar existe?) mi primer lectura de este autor maravilloso: La esfera de Pascal. Fue amor a primera vista🙂

  8. Genial blog y aporte en general, también te sigo en twitter y continuamente retwitteo y le doy a favorito a todo porque soy un borges adicto!! Un saludo grande,
    Core TB.

  9. Hola ,empecé leyendo “El otro”, “El inmortal”,” En busca de Averroes”,todos los pdf que encuentro en la red ,para entender, todos los blogs que le citan, investigo y leo a Chesterton a Bioy, a Lewis, a Poe a Silvina y sigo leyéndole , y sigo investigando y sólo espero abarcarlo un poco más lejos de mis jardines, me encanta!!
    Cada nuevo cuento deviene mi preferido. Leo a muchos autores, pero BORGES, me da la sensación de haberlo escrito todo ,” La casa de Asterión” es una joya. Seguiré este fabuloso blog,gracias

  10. Es bastante irónico comenzar un escrito sobre nuestro admirado Borges con una cita como “Un libro no debe requerir esfuerzo porque la felicidad no debe requerir esfuerzo.” De hecho no dudo que esta frase haya sido un guiño a sus lectores, quienes al menos en un primer contacto con su literatura seguro se arrancaron los pelos tratando de ver qué cuernos significó ese final, ese punto y coma, ese adjetivo. Aun así destaco en Borges el atractivo de lo primeramente incomprensible, esa extraña sensación de no entender demasiado, y saber que seguramente lo que comprendí es poco de lo que el autor puso en ese cuento. Porque uno siente la particular felicidad que implica leer un libro, pero -al menos en mi caso- la felicidad es mucho mayor una vez que, luego de relecturas y vueltas, uno llega a saber que interpretó el texto y que, por un segundo, se puso en el lugar de las intenciones de Borges.

  11. Me pude acercar y, finalmente, disfrutar de la lectura de Borges, gracias a un libro de entrevistas de Antonio Carrizo.
    A él, mi infinita gratitud, por abrir esa puerta que me estaba vedada. Quizás, como Borges decía, no había sido mi tiempo de leerlo.
    Gracias.

  12. “El otro” es un genial cuento para arrancar con Borges. Es un cuento muy entretenido y uno lo lee con un entusiasmo indecible. Al menos eso me pasó a mí cuando lo leí. Ahora, yo comencé a leer a Borges con el cuento “El Inmortal”, que me acuerdo que me dejó como impresionado cuando vi hacer acto de aparición a Homero. Introducirse al mundo de Borges con ese relato, fue genial.

    Otros cuentos que creo que pueden servir de trampolin son “El tintorero enmascarado Hákim de Merv” y “Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto”.

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